Romero Romero

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…que salga lo malo y entre tó lo gueno…

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Así es como te enganchan. Están por todas partes. Son una auténtica epidemia. Pero si osas ir al Sur, más vale que prepares las deportivas para salir corriendo. Porque una vez que te paren, haya contacto visual, te hablen y te sonrían… ¡estás perdid@!

Al principio no les das importancia. Crees que son inofensivas, pero noooo.. no te confíes. Hazme caso. Y no hablo por hablar, no. Hablo con absoluto conocimiento de causa.

Vaya por delante mi máximo respeto a cualquier persona que se “gane la vida” vendiendo todo aquello que crean oportuno, o que se “saquen un dinerillo” utilizando técnicas que solo unos pocos dominan; pero el abordaje que sufren las personas humanas en estos casos, me da para un post y para poner el grito en el cielo.

Córdoba. Cuatro de la tarde. Paseando con toda la caló y con la consiguiente caraja. Llegamos a la mezquita. Estamos girando la esquina y echándonos una risas, como debe ser. De repente, nuestro rostro se transforma. Tragamos saliva y somos conscientes de que estamos abocados al engaño. Sí o sí.

Eran tres. Se acercaron con la mayor de las sonrisas y regalándote los oídos a ritmo de soniquete: “Guapa, que eres mu guapa, dame la voluntad y llévate este romerito” “Anda, guapa, que eres mu joven y mu guapa y no queremos que te pase na”. Ahí es donde ya aprietas en bajo vientre y piensas “¿qué ha querido decir con éso?. “Guapa, guapa, que me parece que tú lo que necesitas es que te lea la manooooo”. Y te encojes. Y aprietas más el estómago. Y cierras los puños y te niegas en rotundo a que te toquen siquiera la camisa. Pero es inevitable. Y LO SABES.

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Se acercó tanto, tanto, tanto… que pudimos verle el “diente de oro que le pusieron cuando niña”. No es que te ofrezcan el romero, es que te lo incrustan en la mano para que no tengas más remedio que abrirla y dejarte llevar…

“Romero, Romero, que salga lo malo y entre tó lo guenooooo”. Ya verás como sí, Reina. Mira, dame un billete y te quito el mal de ojo que te estoy viendo a través de la mirada. Lo veo ahora mismo. Es grande. Inmenso. Pero yo, por el módico precio de 10 euritos te lo quito de un plumazo… Ven y verás.

Y así, una y otra vez, y otra y otra. Hasta que consiguen llevarte al rincón del ring y ….¡bang!… KO.

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Acabas dándole los 10 euros, llevándote el romero, un susto de muerte en el cuerpo, de pensar que tienes un mal de ojo en to lo alto, y cómo no, una práctica guia a modo de “listening” de qué tienes que hacer con la “ojarasca” cuando llegues a casa. ¡Haz caso a las precauciones, y no te atrevas a tirarlo bajo ningún concepto! Y sobre todo, vete de allí con una sonrisa en la cara y dando las gracias, porque sino, igual te vas con todo lo anterior y con dos males de ojo… o con dos ojos malos, nunca se sabe…

Romero, romero….

 

¡Que la están peinando!

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Lo recuerdo perfectamente. Hace muchos años ya pero parece que fue ayer. Es más, incluso ahora que estoy escribiendo sobre ello, me golpean la mente cientos de recuerdos.

Yo sentada en aquella banqueta blanca con forro de plástico (de pequeña creía que era cuero) color crema. El pelo (largo por aquel entonces) completamente empapado, y mi querida madre detrás.

Ella colocaba pacientemente una toalla sobre mis hombros, y comenzaba a peinarme con una delicadeza infinita, como solo una madre es capaz de peinar. Hasta los pequeños tirones de pelo, los daba con cariño.

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Era mi momento favorito. Porque cuando ésto ocurría, significaba dos cosas: o nos ibamos de celebración, lo cual siempre me ha gustado mucho (soy un culillo de mal asiento), o mamá tenia el tiempo libre suficiente como para dedicarme una media horita, fácilmente, que es lo que se tardaba en domar mi lucido cabello.

Una cosa os digo. No se en qué momento de la vida el pelo se transforma. Quiero decir, qué ha pasado para que aquella inmensa melena rubia, con la que podía hacerme coletas preciosas y moños bien sujetos; haya pasado a una melena, dificilmente domable, y con la que sólo puedo hacerme “recogidos deconstruídos, con los abuelillos fuera,… vamos, despeiná perdía”.

Pues tengo la respuesta. El tiempo.

El tiempo que hace que no me hago la Toga. Porque así se llama. Una práctica que hacían nuestras madres y abuelas, y las madres de nuestras abuelas. La Toga era un momento especial para mi, tanto que todavía hoy lo recuerdo.

Déjate de aparatos modernos que te estropean el pelo y te vacían el bolsillo, y recuperemos la toga. Aquello era magia. Empezaba por una capa, luego por otra, y otra, y te iba bordeando toda la cabeza, hasta dejarte una especie de recogido/moño sujeto con aquellas horquillas plateadas y retro que aun hoy guardo en mis cajones del baño.

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Había que verlo para creerlo. Una técnica que no tenía fallos. Solo las manos, el secador y las pinzas del pelo. El resultado era bárbaro. Y te ahorrabas los 40 pavos que te sacan ahora por pasarte tres veces el secador, en ambos sentidos, y volcarte la cabeza varias veces “para que coja volumen”.

No lo dudéis, lo tradicional es efectivo, sencillo y más barato.

¡Uy! Acabo de recordar que hoy tengo una cita y ¡yo con estos pelos! Anda, porfa, dile que se espere un momentico, ¡que la están peinando!

Invencibles

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Cuatro soles grandes, luminosos y siempre cálidos. Cuatro hermosas señoritas, bien parecidas, levantándose cada mañana con el sueño de mejorar en su trabajo, en sus relaciones y en su vida.

Cuatro corazones encantados y encantadores, que siempre tienen una sonrisa para los demás.

Cuatro niñas deseando pintar sus labios por primera vez, o dar su primer beso.

Cuatro adolescentes que surcan las calles en busca de diversión, tomando una pizza a las seis de la mañana, o esperando el autobús durante horas, con la ilusión de que ‘llegue en algún momento’. Ellas, que saben sacar partido a cada situación, hasta la más difícil, sobreponiéndose ante todo y ante todos.

Cuatro mujeres,de pies a cabeza, que han labrado su propio futuro y que siguen al pie del cañón, casi como el primer día.

Ocho manos que me sujetan desde hace 15 años.

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Desde aquel primer día en que se sentaban cinco jovencitas en el último pupitre de una abarrotada universidad, repleta de gente, rellena de letras, pero sobre todo, de sueños.

Cuando las miradas acertaron a encontrarse y los pupitres encajaron (como si de un puzzle se tratara) a la perfección, comenzó la magia. Y desde entonces se ha mantenido, a veces latente, otras veces ‘a gritos’, presente durante años, escribiendo una ‘historia interminable’.

Porque nunca han dejado de estar ahí y comprender que no siempre las cosas se ponen a nuestro favor, y que hay que saber dar siempre la cara ante los problemas, y nunca la espalda.

Quince años de risas y complicidades, de conversaciones profundas, de consejos sinceros, de salidas y entradas, de novios, y de ‘los que nunca llegaron a serlo’, de viajes, de música,de proyectos y esperanzas, de besos… y de abrazos.

Sin títuloiiiMarta, mi tocaya favorita. Una mujer de rompe y rasga, con la cabeza sobre los hombros y un corazón que no le cabe en el pecho. Cuando yo era una completa inexperta en el arte amatorio, Marta me sirvió de referente y contestaba a todas y cada una de mis absurdas preguntas sobre el sexo. Desde “cómo puedo ligarme al chico que tanto me gusta y conseguir que no pase de mi”, hasta “si por lo que sea, nos quedamos solos y nos miramos fijamente… ¿me lanzo yo, espero a que se lance él, o salgo corriendo sin más?”. Siempre ha dado en el clavo y me ha enseñado muchas más cosas de las que ella misma cree. Creo que hablo por todas si digo que Marta ha sido y es un ejemplo de superación y fortaleza. Un orgullo de amiga. Y una caja de sorpresas, que lo mismo te descubre la última tendencia en maquillaje, que te hace sacar el coche que ha quedado atrapado en una calle hiper estrecha de Toledo, ¡sin un rasguño!

 

uuuuuuuuuuuuuuuuuuMiri, un terremoto en forma de mujer. Ella es energía, compromiso, bondad y sentido del humor. Pone el corazón en cada paso que da y no ha dejado de “caminar” desde que la conozco. Siempre pa´lante. Recuerdo nuestro viaje a Praga y Budapest. Todas estabamos como locas por darlo todo y pasar los cuatro días más increíbles de nuestra adolescencia, pero a la pobre Miri le tocó la china. Mejor dicho, la húngara. Unas enormes placas se apoderaron de su garganta y se pasó tres días en cama, cabreada como una mona y recibiendo, por teléfono, los cariños del que entonces era su novio. Dicho así, no tiene ninguna gracia, pero en aquel momento, nos dio las anécdotas más divertidas del viaje y unos recuerdos imborrables. Habla alto y claro y aun cuando está enfadada, adorna su rabia con una sonrisa. Hace las maletas perfectas (si enrolláis los vaqueros en vez de doblarlos, os cabrán muchas más cosas), y no hay cama que se le resista, por el embozo, me refiero, que lo mete como nadie 😉

 

pPaloma, mi Palote. La primera vez que la vi pensé: “no tiene pinta de que vayamos a llevarnos muy bien”. Quince años después, estoy absolutamente convencida de que mi vida no habría sido lo mismo sin ella. En una de las épocas más difíciles para mí, Palo me abrió su casa, y su corazón, algo que no olvidaré por mucho que pasen los años. Despistada y risueña, amante de la fotografía y de África. Ha viajado más que Willy Fog y ha vivido, EN MAYÚSCULAS. Palo es el azúcar de caña y el café recién hecho. Es un libro en la mesa. Una casa sin tele. Es un concierto de jazz y un paseo por el Retiro. Es elegancia, carisma y genio. Es sensibilidad y empatía. A veces sueño que estoy pintándome los labios en aquel baño con ojo de pez, y que al otro lado de la puerta está ella, preguntándome por sus llaves, andando descalza por el parquet, escondiéndose de su vecino mirón, y plantándose un jersey de lana y unas mallas para bajar a comprar pan de centeno y mermelada de higos. Nunca me ha soltado la mano. Nunca.

Las tres me han regalado algo que no tiene precio. Tres “sobris” como tres soles. Guapos, sanos y extremadamente achuchables. Prometo firmemente cuidarlos y consertirles todo aquello que me pidan, mientras me dejen sus papis y mi bolsillo 😉

uuY por último Lauri, mi alcarreña de pro. Lista, paciente, atrevida y luchadora. La he visto romperse la cabeza en un periódico local, para cerrar en hora y con una crónica digna de la portada. Dejarse la piel en una ONG que la llevó a vivir Toledo (y sus cuestas) en primera persona, que le permitió brillar en un proyecto por y para la mujer, y que tengo guardado con mucho cariño en mi cajón de los “tesoros”. No contenta con el periodismo, se lanzó a hacer trabajo social, a distancia para más inri. Porque si algo destaca de Lau es su compromiso con la sociedad, en todas sus formas y maneras. Y como la valentía no tiene límites, y el amor mueve montañas, se nos fue a Viena “a ver qué pasa”… Y pasó. Ha creado un hogar, habla tres idiomas a la perfección. Comparte sus días con un hombre maravilloso y original y se ha abierto camino hacia un futuro prometedor. Y aunque no pueda abrazarla todo lo que me gustaría, siento una profunda admiración por ella. Porque sus ganas son infinitamente mayores que sus temores. Y porque, por fin, alguien más, a parte de mi, ¡se quita los zapatos para caminar en casa! 😉

Cuatro guerreras invencibles.

Es muy distinto

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Y la diferencia son 16 años. Diferente en todo. En la gente y las relaciones con las personas. En los planes de noche, en las fiestas , en la música, en la manera de escucharla. En la toma de decisiones. En la resolución de los problemas. En mis inquietudes. En mi paciencia. En las compañías. En los conocimientos y la manera de ponerlos en práctica. En el amor.

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Es muy distinto el Madrid que conocí cuando tenía 18 años, recién llegada a la capital, que el Madrid que vivo AQUÍ Y AHORA.

Haciendo un ejercicio costoso de memoria (costoso, porque mi memoria cada vez es peor, y eso que estoy en la flor de la vida), me vienen a la mente miles de recuerdos repletos de miles de historias, llenas de miles de momentos maravillosos.

Madrid hace 16 años era desconocido para mi. Me provocaba cierto “temor” caminar por sus calles, conocer a su gente, soltar la cuerda que me ataba a mi ciudad natal y a mi casa. Era como dejar atrás todo aquello que me procuraba protección,  para enfrentarme de lleno con la realidad de un mundo que yo imaginaba de una manera, y que sin duda, ha resultado ser de otra muy diferente. Un inmenso mar de oportunidades para una soñadora como yo.

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Mi llegada fue como salir de un cascarón. Costó romper un poco la superficie, pero una vez que saqué la cabecilla, supe que nunca más querría regresar “adentro”.

Resultado de imagen de julio escaladaLos primeros años fueron una auténtica locura. De confidencias. De hormonas. De sueños. De amistades poderosas e inolvidables. De risas y fiestas. De estudio. De música. De conciertos en el salón del cole.De risas. De Loyola. De Chaminade. De las miradas que se cruzaban ofreciéndome un futuro prometedor. Del Johny. Del Mara. De teatro e improvisación. De las noches de jarana. De historias de amor.

El teatro vino de la mano de Julio Escalada, un hombre recio y perfeccionista que nos enseñaba a base de prueba y error. Gracias a él, aprendí a caminar con velocidad y decisión por el escenario, sin chocarme con nadie. Como quien camina por la vida, con un objetivo fijo, seguro de su meta y sin tocar siquiera al adversario. Hombre temperamental y divertido a partes iguales. Un descubrimiento que me hizo sacar mi lado más teatrero a la luz.

El teatro es útil para muchas cosas, pero sobre todo, para las relaciones personales. Debo reconocer que alguna vez me he parado a pensar en todos y cada uno de los hombres que han pasado por mi vida. Desde que pisé el cole mayor (y asistí  a una de las cientos de fiestas que luego que me acompañarían durante cinco años) hasta hoy. Cada uno de ellos ha dejado un trocito de sí mismo en mi, y eso ya nadie podrá llevárselo. Es, sin duda, un tesoro, mi legado.

Creo que podría escribir un libro con la cantidad de historias que han pintado mi etapa de colegio mayor y universidad. Fue ahí donde Marta, tal y como la conocéis hoy, surgió sin trampa ni cartón. Mis deseos salieron a la luz, mis inquietudes tomaron forma y mi energía empezó a salir a raudales, y a día de hoy, no he podido (ni querido) frenarla.

Antes tomaba decisiones “sin pensar”. Ahora no se pensar sin que eso, me lleve a tomar una decisión importante. Antes buscaba música por descubrir. Ahora descubro la música sin buscarla. Antes temía la opinión de los demás. Ahora me pongo el mundo por montera y me doy la vuelta al ruedo con la cabeza bien alta, para escuchar los aplausos.

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Antes comía pensando en mi peso. Ahora como pensando en mi salud. Antes besaba sin pedir nada a cambio. Ahora reparto besos sólo para quien los merece. Antes bebía sin pensar en las consecuencias, sin tener presente mi organismo y los efectos sobre él. Ahora saboreo una copa de vino blanco en la mejor compañía, y unas copitas de alcohol del “gueno” cuando la ocasión lo merece. Y yo también 🙂

Antes me ponía mucho un tío bueno. Ahora me pone más un tío bueno y listo, y cariñoso, y educado, y divertido e ingenioso, paciente y responsable, con mucho sentido del humor.

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Antes lo daba todo, sin límite ni tabúes. Ahora lo doy todo, única y exclusivamente cuando se que es el momento de darlo todo.

Antes leía por compromiso. Ahora me comprometo a leer cada día más y de mejor calidad.

Resultado de imagen de gif mujer orquestaAntes bailaba en los bares, fluía y disfrutaba de cada nota. Ahora hago eso y mucho más. Y es que he descubierto el baile, regalo incalculable que me hace amar la vida, más de lo que ya lo hacía.

Antes soñaba con ser una profesional. Imaginaba una empresa grande, con mucha gente trabajando en ella. Preparaba en mi cabeza los modelitos que me pondría “si pudiera trabajar en una oficina”. Les ponía cara a mis compañeros y practicaba ante el espejo una posible entrevista de trabajo. Deseaba, desde la boca del estómago, tener un trabajo que me hiciera feliz.

Ahora puedo decir que he trabajado en los medios de comunicación que me hicieron crecer como comunicadora, y cómo no, que trabajo en una empresa grande, con mucha gente trabajando en ella, con unos compañeros que se han convertido en amigos, con un modelito diferente cada día y hace tiempo que superé, con creces, mi entrevista de trabajo.

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Ahora tengo más años, más experiencia, más camino recorrido y sin embargo,  aún mucho más por vivir. Más ganas que cuando tenía 18. Ahora sé que lo quiero y reconozco a la legua aquello que sobra en mis días.Tengo los brazos bien abiertos a todo lo bonito que se cruce conmigo. Los ojos como platos para no perderle la pista a eso que me espera y merece tanto la pena. El corazón listo. Las manos libres para agarrar de la mano a mis dos tesoros y contarles bajito, al oído, que es muy distinto…

A estas alturas de la partida

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A estas alturas de la partida, me doy cuenta de algo que ya suponía, pero ahora compruebo. Y es que las fichas del tablero van cayendo una a una. Ley de vida, claro, pero también verdad incómoda y ciertamente dolorosa.

Me refiero a mi familia. Hábitat incomparable que ha hecho mis delicias durante 34 años. Recuerdos tengo a porrillo. De noches de risa, de decisiones importantes, de charlas con moraleja, de broncas de todo tipo, de fiestas, de comilonas, de horas de tele, de películas que duran más que un día sin pan. De emoción y desencanto. De alegría infinita. De bailes, de canciones en otros idiomas, de olor a pintura, de una cocina pequeña, y una terraza en la que había que pasar de lado. De paredes con gotelé. De nanas nocturnas. De aquella chiquita que trabajaba en casa y se dejó la llave. Lo más brillante que se le ocurrió fue cruzar de ventana a ventana pasando (cual funambulista) sobre las cuerdas del tendedero. Sigue viva. Creo.

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De cubatas a las 0:00 de la noche. Del volumen de la tele de mis vecinos. De discusiones de los que vivían a nuestro lado pero que nunca vimos como a vecinos. Un vecino es mucho más que alguien con quien te cruzas en el rellano para darle los buenos días.

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De tapetes verdes, con ribete rojo, del mus y, cómo no, del dominó.

Y el dominó me lleva a recordarles a ellos, que lo jugaron todo. Mis abuelos eran capaces de reunir a amigos y familiares cada día que se les antojase preciso montar jarana. ¿Los invitados? Sus cuñados, herman@s y amig@s. Su familia…  ¡La que se liaba,señores!

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Recuerdo el fuerte sonido de las fichas chocando contra la madera de la mesa. Los posavasos de corcho, de todo tipo de publicidad de aquellas cervezas de las que yo no había oído nunca ni hablar. Y sobre todas las cosas, la recuerdo a ella, mezclando las fichas con energía y una sonrisa en la cara. “¡Vamos a ver quién es el listo que se come 30 y se apunta solo 5!”

Podría decir que es la única superviviente de todo aquello. Y aunque el tiempo matiza en su cuerpo su paso por este mundo, sigue preciosa, por fuera y por dentro.

Como si fuera una partida de ajedrez, ella es la reina. Para mi siempre lo ha sido y siempre lo será… a estas alturas de la partida…

 

Querid@s mi@s…

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o

En esta vida hay que atreverse.

Hay que atreverse a mirar a los ojos y decir “ya no te quiero”. Atreverse a llamar al despacho a quien “ya no te sirve” y comunicarle que “ya no sigues con nosotr@s”.

Atreverse a entrar en el confesionario y “nominar porque sí”. Atreverse a ver ese tipo de programas.

Atreverse a saltar cuando estás en el borde del puen-ting. Atreverse a hablar en un idioma que no es el tuyo, cuando pisas una tierra que no es la tuya. Atreverse a pasar más de 6 horas al día estudiando para un examen final. Atreverse con el teatro y la improvisación, sin duda, una aventura más complicada de lo que la mayoría cree.

Atreverse a mudarte de ciudad. De país. Atreverse a meditar siendo plenamente consciente del punto en el que se encuentra tu vida. Atreverse a viajar cuando el mundo está en alerta naranja. Atreverse a amar, sin contemplaciones, a pesar de saber que terminarás fulminado.

Atreverse a atreverse… y eso es lo que yo haré mañana 🙂

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No me considero una tia “echá pa lante”, pero he comprobado, por experiencia, que cuanto más “miedo” me da una cosa, antes la hago. La agarro bien fuerte y me enfrento.

Normalmente, el primer pensamiento que me viene a la cabeza es: Y si el día de mañana ya no puedo hacerlo, ¿habré preferido hacerlo AHORA o quedarme con las ganas? Y automáticamente, decido hacerlo.

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Mañana bailo delante de los 1700 compañeros de curro que tengo. Os imaginaréis los nervios que tengo “aberronchados al estómago” y la cantidad de pensamientos que me vienen a la cabeza por el “y si…”,  pero también estoy tremendamente ilusionada y con muchas, muchas ganas.

Porque voy con toda la energía, y pondré todo mi corazón. ¡¡Y que salga el sol por Antequera!!

Deseadme suerte, querid@s mi@s…

 

Cuidadas y bonitas…

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La primera vez que entré a uno de éstos, tenía ciertos “miedos” y precauciones de que aquello fuese fiable, es más, tanto artilugio metálico junto, virutillas de todo tipo en el espacio y componentes orgánicos de infinidad de orígenes, era inquietante.

Pero probé. Porque las cosas hay que hacerlas para saber si nos convencen o no. Y después de un año y tres días siendo cliente fiel de Manuel y Clara, puedo afirmar y afirmo que soy una fan incondicional de estos negocios y quienes l@s frecuentan.

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Estoy hablando, cómo no, de los “Nails” o “Uñas” que salpican la capital (y posiblemente el resto de España) desde hace unos años.

Hay que reconocer que tienen su mérito. La mayoría de ellos, ha decidido cambiar el “todo a euro” o su negocio de alimentación, por el nuevo negocio de moda.Para mujeres y para hombres. Porque cada vez más, son ellos quienes deciden quitarse las cutículas, o darse un masaje en las manos, y de paso, “me das un leve tono de brillo” para que realce el color de su piel. ¡A montones, señora! La vida cambia. Esto es así.

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El que yo suelo frecuentar está en el barrio de Prosperidad y tiene unos dueños que son lo más. Choo Lee, y Wian chi, o algo así… 🙂  Son chinos, pero chinos, chinos, de la china más profunda, y sin embargo, han adoptado el carisma, sentido del humor y costumbres de un señor de Cuenca, eso sí, con altas dosis de sacrificio y duro trabajo (sin menospreciar al señor de Cuenca, claro). Tanto es así, que él se llama Manuel y ella, Clara. ¡Taaaan monooosss! Tienen gracia hasta para elegir sus nombres.

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Son trabajadores incansables. Siempre tienen una sonrisa. Sea la hora que sea, y tengan los clientes que tengan por delante, les preguntas si te hacen un hueco y siempre tienen un SÍ por respuesta. Porque si no llegan a todo, se dan más prisa, y por increíble que parezca… ¡acaban todo en tiempo y a la perfección!. Siento una profunda admiración por la gente que se esfuerza, en lo que sea, y ellos lo hacen. Manuel domina a la perfección el español y Clara se ha aprendido muchas expresiones que la colocan en la Pole Position de su trabajo: “Ete colol e muy bonito”; “Co cuidado al ponelte el abligo”; “¿Coltal o solo limal?”.. Es adorable.

Inicia un negocio en el que ofrezcas servicios de manicura, pedicura y diseño para uñas.:

Cuando la clientela comenzó a crecer, (os prometo que en seis meses se ha triplicado el número de personas que acuden a ellos para dejarse unas manos perfectas), debieron pensar que traer ayuda no les vendría mal, y como no podía ser de otra manera, ¡tiraron de familia!

Se han traído a un par de sobrinas que son muy monas y muy correctas, pero que a parte de que te lijan, y digo bien, TE LIJAN los dedos, solamente se limitan a sonreir y coger sus móviles para deleitarse con las series chinas de moda, en las que la gente canta y rie sin parar.

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No entienden ni papa de Español, pero ahí les tienes, preguntándote si te quitan todos los callos o prefieres llevártelos de vuelta a casa. Cuando hay que elegir el color del esmalte, ¡¡es cuestión de suerte!!, porque si te toca una china que no sabe ni decir “hola”, ya puedes decirle “el 43”, “el 4 y 3”, “ésteeee!!! (señalando con el dedo índice para que no haya margen de error)”, que seguramente te saque el 55. Y tienes que saber, que cuando el esmalte toca tu uña, estás perdida. ¡Porque para ellos es sagrado! Si ya has elegido, y ha empezado la maniobra de cobertura total… ¡no puedes cambiarlo!. Aunque haya sido la sobrina primeriza  la que ha confundido números y colores.

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Pero, tranquila, mientras no sea un amarillo chillón, casi todos quedan monísimos una vez puestos.

Debo decir, que gracias a ellos, hace un año que llevo las manos más cuidadas del mundo. Y os advertiré algo: una vez que probéis, os enganchará y querréis haceros también los pies, y luego la semi permanente, y probar el gel, etc…

Hay momentos en la vida en los que hay que sacar las uñas, y siempre será mucho mejor que las tengas cuidadas y bonitas, bonitas…