Empezar de nuevo…

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Quería hacer un post con el que poder compartir con vosotros lo maravilloso que ha sido este 2017 para mi; pero no me sale, porque en realidad, no ha sido así del todo.

Un año en el que comencé haciendo lo que me sale de más adentro, bailar, con tal arrojo que lo hice delante de 1800 personas, que para más INRI, eran mis compañeros de trabajo. Y ella conmigo, cómo no, porque otra cosa no tendremos, pero nos sobra arte y cojones a partes iguales.

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La tan esperada University, al mando de la cual me encuentro este año (he cruzado todos los dedos que tengo en mi santito cuerpo  para que salga todo lo bien que merecemos). Este año no bailaré, lógicamente, pero pienso disfrutar de cada minuto como si fuera el último, y compartirlo con gente extraordinaria, tal y como hice el año pasado.

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Pienso viajar, y mucho. Porque espero que este 2018 me de muchas muchas muchas alegrías pero sobre todo, me de salud para dejarme volar a todas las partes del mundo que se me antojen, y si es con ellos, mejor aún. Mis padres, los protagonistas de mis victorias, y los sufridores de mis derrotas, que en este año que se va, me han dejado el recuerdo de un viaje alucinante al corazón de Alemania, donde nos dejamos las risas y algún que otro objeto de valor, que pasado el susto, nos ha dejado una curiosa historia que contar a nuestros pequeños.

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Pisar la playa antes de tiempo, probar licores de los que  nunca habíamos oído hablar, darnos masajes en un bar del puerto de Barcelona, o apuntarnos, una vez más, a cualquier feria que nos regale el sur. ¡Cuatro años consecutivos, señoresss! 😉 Y cuando pienso en todo lo que he hecho, las veo a ellas, sonrientes y valientes, como siempre.

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Que no nos falte la salud, y si lo hace, que sea por muy poquito tiempo.

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Que siga el amor a mi alrededor. ¡Que surjan bodas y nazcan niños! Que la gente se abrace y no se juzque. Que vamos a estar dos días, y tenemos aún mucho que bailar, brindar, reir y celebrar. Como la preciosísima boda de este año. Posiblemente, el momento más doloroso para mi, y a la vez, el más feliz, por ellos, Carlos y Eli, que nos prepararon un fiestón cargado de detalles, energía y amor a raudales y que quedará siempre en mi memoria y en mi corazón. El mismo que, durante los discursos, recorrió la playa en busca de todos y cada uno de sus pedazos, para volver a casa de una sola pieza.

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Gracias, compañeros, porque hicisteis de un fin de semana que presagiaba ser tremendo para mi, un viaje tremendamente divertido y sanador.

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Y como las segundas oportunidades son a veces, el verdadero camino, la hermana de este señor que aparece en la foto, y al que adoro con todo mi ser, emprendió el suyo propio con su amor, y me hizo, gracias Isa, partícipe de un momento precioso.

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Y a pesar de todo, viajar. Repito. Abrir la mente, superar el miedo, abrocharse el cinturón y respirar profundo. Porque por muchas turbulencias que tenga tu viaje, el que sea, siempre habrá merecido la pena llegar a tu destino. Gracias, Fer, por aguantar a esta manchega de altos (y difíciles) vuelos 😀

Y es que el destino, como digo, puede que te lleve a una de las personas más importantes para ti, una amiga. Pero no cualquiera,no. Una de verdad, de las que duelen cuando están lejos. De las que te miran de frente y te dicen “esto está mal” o “esto no es para ti, Marti”. De las que te abrazan y te cuidan en la distancia.

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Llegar al verano con el cuerpo “viajado” no es lo mismo. Y si es la familia la que te hace un hueco en su maleta, mejor aun. Yo agradezco a la mía, su paciencia y amor durante el verano de este 2017, porque han tenido que poner un plato más, “okupar” un sofá cama cada noche, y poner sus cinco sentidos en “que todo fuera bien”, a pesar de mis pesares…

Descubrir Orense y la preciosa tierra gallega, conocer a la familia Castiñeiras, asistir al bautizo del más guapo, y reir, sin parar, en las carreteras gallegas por no encontrar nuestro destino.

Hay veces, que hay que perderse para encontrarse de nuevo. Y así fue.

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Y la música. Ella siempre está cerca. Que te alivia y te recuerda lo mejor y lo peor de cada historia, y te descubre artistas, que ya conocías pero que ahora admiras aun más si cabe. Los viajes en otoño, las risas contagiosas, las fiestas sorpresa y los festivales improvisados. El baile, que me salva de todo, y que no lo cambiaría por nada.El trabajo, que nunca falte. Los amigos, que se multipliquen por 1000. El voluntariado, mi nuevo descubrimiento que ha llenado de orgullo y de alegría mi vida. Y el amor, que se me quedó una vez más por el camino, pero que me ha enseñado mucho sobre el mundo, y aún más, sobre mí. Que me ha puesto los pies en la tierra y el corazón entre las manos. Ahora toca cuidarlo…

Y empezar de nuevo…

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¡¡Feliz 2018, familia!! 😉

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Cambia(lo) todo

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La vida no es un camino recto. Está claro que hay que contar siempre con idas y venidas, callejones sin salida, calles prohibidas, senderos que son preciosos pero, inevitablemente, te llevan “a ninguna parte”, y cómo no,  rincones con un encanto que jamás imaginaste.

Hay ocasiones, en las que un impulso extraño nos invita a variar de rumbo, sin saber lo que encontraremos al final del mismo, ni lo que nos deparará su recorrido; hasta es posible, que ni siquiera seamos nosotros quienes lo elegimos, sino él quien nos atrapa para depararnos mil experiencias.

arriesgaHay quien piensa que arriesgar es el camino, y quien afirma que “siempre debemos pisar sobre seguro“. Yo que tiendo a volar la imaginación, con cierta facilidad, e invito a tod@ aquel/lla que me lee, a que pruebe a dejarse llevar alguna vez. A que sientan lo que es no saber qué pasará mañana, “pero qué divino está siendo hoy“.

¿No os pasa que cada cierto tiempo llegáis al tope? Te levantas y te viene a la cabeza el cambio. Pues eso…

Cambia de planes. Cambia de amores. Cambiar tus hábitos. Cambia de color de uñas y de lápiz de ojos. Cambia de pan, del que te engorda si abusas, al que no tiene a penas sabor, pero te hace sentir livian@. Cambia de serie (¿no te aburre ya tanto dramatismo?), elije una que haga que se te desencaje la mandíbula. Cambia de peluquero (Héctor está siempre con lo mismo, y se ha anclado en el corte). No te cortes, ¡cambia de abrigo!. Ya ha llegado el otoño y esa cazadora vaquera tan mona, te queda de diez, pero al final, te constiparás.

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Cambia la manera de mirar a la gente en el metro (si sonríes a esa chica con la que siempre te cruzas, quizás ella te corresponda).Cambia los besos (que sean menos y más sentidos). Cambia de tren, prueba a coger uno anterior, porque quizás descubras que sí se puede viajar sentad@ a las ocho de la mañana. Cambia de opinión, lee sobre aquello que te interese, y cambia de camisa, si es necesario.

cambiar la piel

Cambia la piel, para bien, claro. Cuídala siempre. Cambia de gustos. Cambia tu cepillo de dientes, y la alfombrilla del baño (esto es de primera necesidad, hay microorganismos que pueden arruinarte la vida). Cambia el modo de empleo de la lavadora (hay programas que te hacen la vida más fácil y son mucho más prácticos).

Cambia la cama de sitio. En realidad, quizás tu casa parezca más grande desde otro punto de vista. Cambia de bar, y de zona (ya te conoces la carta entera y te estás perdiendo cosas realmente buenas).

Cambia de bus (esa ruta es más larga, y lo sabes). Cambia de día para ir al gimnasio (la profesora de los martes es mejor, y mucho más divertida).

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Cambia de sitio la tele, o tírala directamente. Un libro te hará infinitamente mejor.

Dibujo

Cambia el billete a casa y cógete otro al extranjero. La vida son dos días, y quién sabe, puede que caigan en fin de semana

¡Que nadie te la chupe!

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..la energía, digo. Como diría mi querido, Álex O Dogherty

Huid y ésto va en serio. Corred hacia el lado contrario. Alejaos, o acabarán pillándoos y no tendréis escapatoria. Los hay por todas partes. Se mueren de envidia cuando le dan a otro el papel principal. No soportan tener el papel secundario. Si te ven una sonrisa dibujada, cuentan los segundos para acercarse a ti y hacerte partícipe de quién ha tenido un accidente. A quién están operando a vida o muerte en ese momento, cómo tiene su prima la del pueblo el hígado (hinchado como una bota), o les da  quizás, por reventarte el final de la peli que tienes grabada desde hace ya una semana.

En apariencia son todos diferentes. No hay dos iguales. De ahí, la dificultad para reconocerlos. De lejos no se les ve venir, pero en cuanto pasas cinco minutos al lado de uno de éstos, empiezas a apagarte lentamente. A perder la fuerza con la que te habías levantado esa mañana. Comienzas a sentir un movimiento “descendente” en el estómago que te empieza a vaciar. Literalmente.

Lo que a las 8:00 de la mañana, escuchando música en ese vagón de tren y sonriendo a la mujer que te ha tocado en frente, te parecía un día estupendo; se convertirá en una ilusión. Dos minutos más tarde, sin darte cuenta, todo se torna grisáceo, mas bien amarillento, y comienzas a ver el paisaje escarpado, donde era todo llanura.

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Me parece que los llaman vampiros de energía. Y tanto. Dedican su vida a amargar a los demás, simple y llanamente porque ellos no tienen “otro perejil que mondar”, y disfrutan. En el fondo, se regodean. Son chupópteros insaciables de tu buen rollo y de la “enery” (como diría Rafa Méndez) con la que te levantas a las 6:30 (que ya tiene mérito encontrar la energy a estas horas…).

Hace poco me leí un libro que hablaba de las personas tóxicas. Ahí es donde empecé a darme cuenta de que sí, que en realidad existen, y que es más, cada vez el grupo es mayor, y tienden a juntarse. No hay quien los pare.

Los especialistas en las neurociencias afirman que la gente “tóxica” –encarnada por aquellos seres rapaces que inexorablemente perturban el bienestar ajeno y vampirizan al semejante– existe. Sus conductas se traducen en patologías, y la coexistencia con ellos resulta imposible.

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¡Lo que yo te diga! Que aquí no vale eso de “si no puedes con el enemigo, únete a él”. Que no. Que lo mejor que puedes hacer es ponerte tus Nike nuevas y salir pitando “pal otro lao”. Hazme caso. Aunque tu vida se convierta en un auténtico slalom (todo el día esquivando), merecerá la pena. Imagínate que eres protagonista de un videojuego. El Mario Bross, por ejemplo. Si te dan las llamas, caerás. Si el monstruo del final de la pantalla te cae encima, caerás. Si vas a por una monedilla (en lo alto) y saltas más de la cuenta, caerás al vacío. Que ya. Que lo sé. Que todos queremos salvar a la princesa. Pero que lo inteligente es hacerlo por el camino más sano. Es el que más te costará, pero el mejor para tu salud mental y corporal.

¿Todavía no sabes de qué te hablo? Acoquin a la clasificación (¡flipa pepinillos!) :

  

Manipuladora: Seducen y engañan para obtener lo que desean de los demás y luego los desechan. Una cabrona, vamos.

Descalificadora: Critican permanentemente en forma irónica y mordaz. Me vienen algunos a la cabeza.

Eternos Insatisfechos: Son sutil o abiertamente perfeccionistas y nunca terminan de disfrutar y agradecer por lo que ya tienen. Aquí podría abrir un debate, pero mira no, me quedo satisfecha con la definición 🙂

Víctimas: Apelan a ese rol para generar culpa y pena por ellos. Piensa y reconoce alguno a tu alrededor. Hay cientos.

Psicopática: Buscan obtener sus fines sin importar a quién destruyen por el camino. Estos son los más peligrosos. Avisad@ estás.

Violenta e intimidante: Apelan a la agresión verbal o física como una forma de maltrato y de querer ganar atención, de manera inadecuada. Sin comentarios.

Controladora: Intentan manipular al resto generándoles un sentimiento de asfixia y pesadez. (ve poniéndote las Nike)

Quejicas: Se quejan continuamente de la vida y no desean salirse de esa posición. Y así todos los días. Imaginaos, por favor.

¿Qué hacer en caso de encontrarse con uno de ellos?

La parte más divertida de la historia. Sonríe. Saca todo tu buen humor. Ríete de tí mismo y de él/ella, ya de paso. Mantén, en todo momento, una actitud positiva. Contrarresta su afán de maldad, con lo mejor que llevas dentro. Coge a esa persona de la mano, y enséñale la paz que provoca el estar bien con un@ mism@. El practicar el buen rollito. El maravilloso mundo de “haz el amor/humor, y no la guerra”.

Y si todo esto no funcionase, no nos queda más remedio que…

Me dejó planchá

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Hay pocas cosas que odie en mi vida. Pero si me preguntas cuál podría llegar a odiar con todas mis fuerzas, más que si me clavasen chinchetas en los pies o agujas en los dedos; más que si me obligan a ver la saga completa de Star Wars y el Señor de los Anillos en la misma semana; más que que me digan que “a veces resulto un pelín borde”…

Si tengo que decidirme por una, sólo una, la que más odio con toda mi energía,… no lo dudo: la plancha. Pero no sólo la plancha.Es el término en sí y su significado en conjunto: planchar. Pero mi “pelusilla” no se mantiene ahí, no,porque lo que ya no soporto y no he soportado nunca es…¡¡la tabla de la plancha!! Resultado de imagen de nacida para planchar

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Ese instrumento del infierno, que no sabes si te cuesta más abrirla o cerrarla. A mi me cuestan ambas. Con deciros que un día pensé en presentarme a un espectáculo de “Varietates” como alter ego de Pepe Viyuela… ¡Jodeeeeeeeeeee!

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¿En qué momento alguien decide inventar un artilugio de aspecto fálico, con un complicado entramado bajo la supuesta inofensiva tabla, que hace que te pilles los dedos, cuanto menos, y pierdas casi 15 minutos de vida en hacerte con ello?

Mira que se lo tengo dicho a mi hermana: “yo es que soy más de camisetas, que las lavas, las estiras y están perfectas”. ¡Ay, amiga! Y ¿qué hacemos cuando te enfrentas a la camisa, o lo que es peor…al pantalón de pinzaaa? Misión imposible. Por lo menos a mi modo, claro.

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Confieso que en ocasiones opté por colocarme sobre la prenda y ejercer una presión hacia abajo (Murphy me inspira mucho en estos momentos) que permitiese eliminar la arruga y conseguir, como sea, que la prenda coja lustre y cuerpo.

Pero no os engañéis, amigos, que la única persona en el mundo que plancha como si la divinidad le hubiera concedido un plancheto-brazo, y que es capaz de meter 27 camisetas donde tú solo aciertas a meter 6… es mi MADRE.

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¡Criaturita del cielo! ¿De dónde has sacado tú esas manos y destreza, limpia e inconfundible, para dominar “el aparato” de tal manera?

Mi señora madre es capaz de plancharte hasta un acordeón, y ¡queda lisoo! Como lo lees, chata, L I S O. ¿Qué no te lo crees? Yo la apunto al “qué apostamos” y me apuesto 1000 a 1 a que le plancha hasta la solapa al presentador… ¡Ramonchúuuuuu!

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Esto entre vosotros y yo. Mi progenitora lo plancha todo. Lo que le eches. Te plancha hasta la ropa interior… ¡las bragas, señora! ¡Las dobla y las plancha! ¿Y qué me decis de las sábanas? Aquellas tardes de verano en que mamá me miraba con ojos de “te ha tocado, jamía” y me decía con voz alta y clara: “¿me ayudas a doblar las sábanas?” “ Tú por este lado, y yo por el otro”…

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Doblar nunca se me ha dado mal, ya que tengo la percepción del orden incrustada en mi cerebro, pero verla planchar aquel trozo gigante de tela, con 1500 maniobras a 40 grados en el salón de casa en pleno agosto…. ¡Me hace quererla más si cabe!. Porque admiro su dedicación hasta para el detalle más nimio, como es querer que su familia encuentre unas sábanas confortables y “suavitas”.

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La primera vez que la vi convertir una montonera de prendas, a lo loco, en una composición armoniosa de colores y olores, me dejó planchá…

Demostrado

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..Y es que el amor no necesita ser entendido…

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Él la conoció y se enamoró del color de sus ojos, de su mirada, de su hermosa sonrisa, de sus mejillas rosadas, del largo de su cabello, de su forma de peinarlo, se enamoró de su forma de caminar, de su forma de pararse, de sus gestos, de su voz, de su extraña timidez, del dulce sonido de su risa, se enamoró de su inocencia, de su forma de ver la vida. Se enamoró de su forma tan distraída de hacer las cosas, de su forma de equivocarse, de sus manías, de su obsesión por el orden, de su mal humor cuando la sacaba de sus casillas, se enamoró de conocerla, de adaptarse a ella y de ir destapándola capa por capa, hasta llegar a su esencia. Se enamoró de descubrirla. Se enamoró del tesoro que escondía dentro.

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Disfrutó de su compañía, de hacer cosas que él nunca haría, pero que hizo porque a ella le encantaban. Se contagió de su forma de ver el mundo y aprendió a vivirlo tal y como ella proponía. Al principio fue fascinante, él siempre supo que ella estaba un poco loca, y ser parte de sus locuras era encantador, disfrutaba escuchando sus raras ideas sobre la vida, sobre las personas. Compartían gustos. Podían pasar horas delante de la tele, enredados el uno en el otro, viendo conciertos de madrugada o devorando reposiciones de su programa de cocina preferido.

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Ella lo admiró desde el primer día. Supo ver aquello que la gente no acertaba a descubrir en sus palabras, sus gestos, su manera de ver la vida. Comprendió todo. Aceptó todo. Dedicó sus días a disfrutar cada minuto a su lado. Adoraba la manera en que le enseñaba cosas. Siempre fue de playa y comenzó a amar la montaña. Inventó mil y un personajes para no caer nunca en la rutina, y sorprenderle cada día. Fue alocada, divertida, responsable, seria y moderna. Clásica a ratos, vergonzosa en su mayoría, atrevida cuando hubo de serlo. Comprensiva y generosa. A manos llenas. Gentil y educada. Guerrera y sacrificada. Bondadosa con ganas. Morbosa y sexy.

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Aprendió a bordar recetas. Se alejó de sus fantasmas y voló, como quien vuela una cometa en plena playa del sur de España. Descubrió instrumentos musicales y piezas que jamás había escuchado y adoró las madrugadas con frío y prisas.
Sin título
Comprendió las dificultades y pasó por encima de ellas. Se mantuvo a su lado. Fue sus ojos y sus manos. Fue quien prometió que sería, sin dejar ni un segundo de lado su disfraz de soñadora empedernida.Y mantuvo en todo momento que el amor…
…simplemente, necesita ser demostrado.

¿Viernes o te vas?

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Ya estás tardando.

No sólo porque lo ponga en tu contrato: “Tiene usted derecho a tantos días de vacaciones“.

No porque te lo haya recomendado el médico: “debe usted dejar la mente relajada“.

Tampoco porque haya insistido tu abuela: “hija mia, a este ritmo, te da algo“… HAZLO POR TI.

Porque ya va siendo hora de que te levantes cuando te lo pida tu cuerpo, y no tu despertador. Porque hace que no te tomas un mojito a las 2 de la mañana… ¡un siglo!. Y el hecho de que puedas hacerlo por fin, y luego otro, y luego otro, y luego “me echo un baile”, y al llegar a casa, “no estoy cansada” y me pongo a leer, hasta caer rendida…¡orgásmico!.

Que ya es hora de que te olvides de las caras de tus compañeros, y que dejes (durante unos días) de decir 356.265 veces “¡Buenos días¡” en 3 minutos.

Que ya es hora de que el tren se ponga en marcha, atestado de gente, a las 7:30 de la mañana, oliendo a humanidad…SIN TI.

Que te quedes viendo una peli hasta que te de la gana. Que salgas si quieres, Que entres, si es lo que te apetece. Que te dejes el reloj guardado en el cajón, y pierdas el sentido del tiempo.

“¿Y qué hora es?” – NO TE IMPORTA.

Que si de repente, te llama una amiga y te propone un viaje relámpago a la playa. HAZLO. Que prefieres estar 24 horas tirada en el cama, o leyendo, o viendo la televisión desde tu almohada, o cualquier otra actividad maravillosa para el cuerpo y la mente… HAZ-LO.

Que te has pensado mejor la opción de ir a esa playa nudista con tu prima la del pueblo. HAZ-LO y convéncela de que ELLA TAMBIÉN LO HAGA.

Que son dos días, señores. Vengo advirtiendo y nada, no hay manera. D O S D Í A S D E N A D A. Y cuanto más tardes en caer en la cuenta, más tardarás en cogerle el ritmo a esta vida. Maravillosa y fugaz.

¿Que no tienes trabajo y sientes unos terribles remordimientos por coger la maleta y desconectar?… ¡Dos problemas tienes! Uno, conseguir superar ese juicio absurdo. Dos, elegir un destino ya mismo, porque los precios suben como la espuma 😉

¿Que temes el síndrome post vacacional? ¡Tú no lo tendrás! Eso solamente le ocurre a la gente que cree en ello. ¿Alguien puede demostrar que el resto de los 365 días del año, no haya lo que se podría denominar el síndrome “¿pa que me voy a coger vacaciones, si luego me voy a sentir mal?”. ESTULTICIAS.

Vete. Sal de tu ciudad. Hazte “bola” en brazos de quien más te apetezca. Comparte. Besa. Exprime. Mójate. Tanto si te preguntan, como si no.

Y no me hables de la operación bikini. Mayor memez no he conocido en mis 34 años de vida. Cada uno es como es. Y los habrá con tripa, y que tengan ya a su tropa. Y las habrá con caderas, que las meneen como más de una quisiéramos. Y las habrá con grandes pechos (atent@s a éstas, porque siempre hay un tío alrededor con una indómita necesidad de babero bajo la boca). Rubias, morenas, pelirrojas…Soy fan de l@s pelirroj@s. Adoro la originalidad.

Ya lo decía mi abuela “la arruga es bella” y “la mujer con curvas, mucho mejor“.

¡Pues ea!…A mi jamás me ha gustado llevarle la contraria a mi señora nonna. 🙂

Disfruten, señores, abrácense y toquen la arena. Paseen por la orilla, o vayan a la montaña. Siéntanse en tierra de nadie.

Y si alguien te necesita… ¡que te busque! 

Romero Romero

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…que salga lo malo y entre tó lo gueno…

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Así es como te enganchan. Están por todas partes. Son una auténtica epidemia. Pero si osas ir al Sur, más vale que prepares las deportivas para salir corriendo. Porque una vez que te paren, haya contacto visual, te hablen y te sonrían… ¡estás perdid@!

Al principio no les das importancia. Crees que son inofensivas, pero noooo.. no te confíes. Hazme caso. Y no hablo por hablar, no. Hablo con absoluto conocimiento de causa.

Vaya por delante mi máximo respeto a cualquier persona que se “gane la vida” vendiendo todo aquello que crean oportuno, o que se “saquen un dinerillo” utilizando técnicas que solo unos pocos dominan; pero el abordaje que sufren las personas humanas en estos casos, me da para un post y para poner el grito en el cielo.

Córdoba. Cuatro de la tarde. Paseando con toda la caló y con la consiguiente caraja. Llegamos a la mezquita. Estamos girando la esquina y echándonos una risas, como debe ser. De repente, nuestro rostro se transforma. Tragamos saliva y somos conscientes de que estamos abocados al engaño. Sí o sí.

Eran tres. Se acercaron con la mayor de las sonrisas y regalándote los oídos a ritmo de soniquete: “Guapa, que eres mu guapa, dame la voluntad y llévate este romerito” “Anda, guapa, que eres mu joven y mu guapa y no queremos que te pase na”. Ahí es donde ya aprietas en bajo vientre y piensas “¿qué ha querido decir con éso?. “Guapa, guapa, que me parece que tú lo que necesitas es que te lea la manooooo”. Y te encojes. Y aprietas más el estómago. Y cierras los puños y te niegas en rotundo a que te toquen siquiera la camisa. Pero es inevitable. Y LO SABES.

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Se acercó tanto, tanto, tanto… que pudimos verle el “diente de oro que le pusieron cuando niña”. No es que te ofrezcan el romero, es que te lo incrustan en la mano para que no tengas más remedio que abrirla y dejarte llevar…

“Romero, Romero, que salga lo malo y entre tó lo guenooooo”. Ya verás como sí, Reina. Mira, dame un billete y te quito el mal de ojo que te estoy viendo a través de la mirada. Lo veo ahora mismo. Es grande. Inmenso. Pero yo, por el módico precio de 10 euritos te lo quito de un plumazo… Ven y verás.

Y así, una y otra vez, y otra y otra. Hasta que consiguen llevarte al rincón del ring y ….¡bang!… KO.

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Acabas dándole los 10 euros, llevándote el romero, un susto de muerte en el cuerpo, de pensar que tienes un mal de ojo en to lo alto, y cómo no, una práctica guia a modo de “listening” de qué tienes que hacer con la “ojarasca” cuando llegues a casa. ¡Haz caso a las precauciones, y no te atrevas a tirarlo bajo ningún concepto! Y sobre todo, vete de allí con una sonrisa en la cara y dando las gracias, porque sino, igual te vas con todo lo anterior y con dos males de ojo… o con dos ojos malos, nunca se sabe…

Romero, romero….